lunes, 7 de marzo de 2016

Spotlight






La mayor sorpresa en la ceremonia de  la entrega de los Oscar 2016 fue probablemente la que nombra a la mejor película del año ( el premio más relevante de la gala), que no fue, en contra de los pronósticos, para El renacido, de Alejandro González Iñárritu, sino que se lo llevó el drama de investigación Spotlight, dirigido y coescrito por Tom McCarthy y ambientado en 2001  en Boston. Concretamente, trata sobre el trabajo llevado a cabo por la unidad de investigación del Boston Globe (llamada Spotlight) del estudio de casos de pederastia en la Iglesia de Boston . Los números asustan, y en ello se sostiene el final de Spotlight para conmocionarnos tras casi dos horas de expectación, dos horas en las que podemos ver plasmado sin grandes aspavientos periodismo de investigación de calidad, metodología  inmejorable en cada paso que dan los profesionales para la redacción de un reportaje que, no solo mejoraría el prestigio de su periódico diario, sino que  también ayudaría a destapar una actividad de pederastia mundialmente extendida dentro de la Iglesia Católica y evidenciaría la falta de iniciativa del Vaticano para parar y erradicar un asunto que manchará a esta institución para siempre. Tom McCarthy nos anima con este filme a desconfiar y a no tener condescendencia con las instituciones más poderosas, pues es nuestra pasividad su mayor baza. Sin embargo, por encima de esa crítica a la Iglesia Católica,  el objetivo principal de esta película es, como se dijo antes, el reconocimiento a la profesión de periodismo  serio y el rechazo del periodismo exprés, a la idea que tenemos hoy de que periodista puede serlo cualquiera. En Spotlight vemos a un magnífico reparto (en el que nos gustaría destacar  a Rachel McAdams y Stanley Tucci)  que no descuida un solo detalle de una investigación que se convierte en parte de su vida, en algo personal para ellos hasta poder tener una buena noticia que contar. Para ello, hacen una búsqueda minuciosa en hemerotecas, en su propio historial (y en el escaso seguimiento que hicieron en el pasado de estos sucesos) e incluso entrevistan  a víctimas que han decidido dar la cara y relatar con detalle los abusos a los que fueron sometidos. 



El gran  pero de esta película es lo plana que resulta. No hay momento de auge en una historia que así lo merecía y, cuando parece llegar, las luces se encienden y la película acaba. Habría estado bien conocer algo más sobre las repercusiones que tuvo esa noticia sobre el periódico Boston Globe y sobre los implicados en la investigación; conocer la respuesta de la Iglesia  a semejante reportaje, algo más. Quizás un Oscar a mejor película es excesivo y realmente El renacido lo merecía más. Pero no deja de alegrarnos que lo haya ganado Spotlight, pues todo premio de gran importancia tiene, al fin y al cabo, una repercusión política e ideológica en el resto del mundo, y es necesario extender mensajes como el de Spotlight: exaltar el papel de grandes instituciones como la de La Iglesia Católica en nuestras vidas, ¿sigue cobrando sentido en el siglo XXI? ¿Incluso cuando en su seno se tapan casos de abusos a menores -más de 17.000 sólo en EEUU- que fuera, en la vida real y cotidiana estarían penados con cárcel? ¿Dónde están esos sacerdotes ahora?
Tras el estreno de Spotlight, la periodista  a la que encarna Rachel McAdams  -Sacha Pfeiffer- relata que muchas de las personas que sufrieron abusos hablaron por primera vez al ver la película. Sintieron que no estaban solos. Ya sólo por eso, Bravo Spotlight. Bravo Tom.


Puntuación: 8,4/10

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